El jefe de Gabinete destacó el nivel de reservas del Banco Central, la reducción de la pobreza y el crecimiento del empleo. Comparó estos resultados con la crisis de 2001 y dijo que “del default se sale cuando otros lo reconocen”.
El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, no dejó nada en el tintero durante su exposición frente a los diputados. Reivindicó el modelo, los cambios producidos y, sobre todo, los resultados que dan cuenta del nivel de reservas del Banco Central luego del de-sendeudamiento externo, la reducción de la pobreza y el crecimiento del empleo. Tomando como base la crisis de 2001, el jefe de los ministros reconoció que la Argentina todavía no salió: “No se sale cuando se quiere, sino cuando los otros lo reconocen. Eso todavía no sucedió, es una tarea por venir, por cumplir y es una obligación que este gobierno se autoimpuso y la está cumpliendo”, aseguró.
La referencia al default no fue gratuita. Fernández la utilizó para resaltar de qué realidad política y económica había partido el gobierno nacional y lo que se había alcanzado, pero advirtió que esas consecuencias del default todavía se mantenían: “Es una tarea por cumplir, es una responsabilidad que este gobierno se autoimpuso y que la está cumpliendo paso a paso, sin tomar un solo centavo de préstamo. Por el contrario, desendeudándose todas las veces que puede y cumpliendo con las provincias para que puedan hacerlo.”
El jefe de Gabinete sostuvo que el gobierno persigue un objetivo claro y definido, que no cambió en estos años de administración del Poder Ejecutivo: “Recuperar a los excluidos de un sistema perverso que los expulsó, ese es un tema que nos ocupa”, expresó. Fernández dijo que la resolución del tema de la pobreza está más allá de la discusión por cuál es el porcentaje exacto de pobres que tiene el país: “pasa por buscar soluciones mientras exista un pobre en la Argentina, y creo que todos los que están acá tienen ese mismo objetivo”.
Los aplausos que recibió el ministro durante su exposición, que incluyó respuestas a las preguntas –muchas de ellas repetidas– que le realizaron los diputados de la oposición, provinieron del oficialismo.
Algunos de los bloques que conforman el Grupo A habían llegado al recinto con pocas intenciones de quedarse a escucharlo hasta el final. Fernández los había sorprendido al principio de la reunión, cuando al ingresar al recinto los saludó uno a uno, dejándolos sin excusas para ausentarse o retirarse del hemiciclo.
En todo caso, los gestos de desa-grado provinieron de legisladores opositores, como el cívico Juan Carlos Morán, que no respondió el saludo de Fernández y lo obligó a quedarse con su mano extendida. Morán, conocido por su afecto a los flashes y las cámaras de televisión, salió luego raudo a ver si encontraba alguna foto que inmortalizara su actitud frente al funcionario nacional.
El otro momento de tensión se vivió cuando Fernández dijo, mientras se refería a la trata de personas, que había gente que se dedicaba a criticar a la Argentina ante foros internacionales. El jefe de Gabinete dio nombres incluso, y uno de ellos resultó ser el de un asesor de la diputada por la Coalición Cívica, Fernanda Gil Lozano. Al escuchar el nombre de su colaboradora, la legisladora pareció entrar en trance, comenzó a gritarle a Fernández –que se mantuvo en silencio– y pidió a sus colegas que abandonaran el recinto. Sólo la acompañaron sus compañeros de bancada y, minutos más tarde, los miembros del bloque Proyecto Sur
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